Vivimos en tiempos digitales. Internet es el pan nuestro de cada día para muchos de nosotros. Hemos encontrado en internet, el medio perfecto para mantenernos comunicados con nuestros amigos, familiares, y con el mundo. Para otros, los videojuegos son un medio de entretenimiento indispensable y a veces, la única manera de socializar. (Debería darles vergüenza, de verdad, shame on you.

De estos últimos, en estos días he notado algo muy curioso que está pasando: a pesar de que los videojuegos están a la orden del día, (ya vemos cada vez mas gente con un Xbox o un Wii) los niños siguen usando juguetes que no necesitan ningún tipo de tecnología para ser operados. En esta época del año es muy común ver a los niños en las calles con sus trompos de plástico o madera, mostrando sus habilidades para enrollar la cuerda y lanzando dichos juguetes contra otros que haya en el piso, apostando a ver quién deja con mas huecos al pobre indefenso.

Otro de los juguetes que se hacen populares en esta época del año, y que extrañamente los niños siguen jugando con el paso del tiempo, son las canicas. Esas esferas transparentes con diseños en su interior han sido objeto de alegrías, tristezas y enojos.

Cuantos de nosotros no les hemos mostrado a nuestros amigos las canicas que hemos roto con las nuestras? esos son los mejores trofeos que se pueden conseguir, además de humillar a los demás. Las hay de todos tamaños, pequeñas, medianas, y quién no conoce los famosos “caramundos” esas enormes bolas que son capaces de destruir hasta la canica mas resistente que exista.

Me da mucho gusto que, a pesar de la época en que vivimos, los niños aún se interesen por este tipo de actividades, me es grato encontrarme esos niños en las calles, saliendo de las escuelas y que intercambian opiniones con sus amigos, socializan, y juegan entre ellos, sin una máquina de por medio. Espero que nunca los trompos y las canicas pasen de moda.

Qué bonito es ser niño, chingado.