En las vacaciones de semana santa y pascua, las pasé en la hermosa y contaminada ciudad de Guadalajara, Jalisco, ya que soy tapatía.

Cada ciudad tiene sus atractivos ocultos que no son muy conocidos para los turistas especialmente, así que en este caso no diré que comí con vino tinto en un viñedo, ni que ví como hacen quesos y crian chivas, como mi editor jefe que goza de esos privilegios; hare mención a los famosos tianguis que un día a la semana muchas colonias de esta ciudad nos ofrecen. Sí, para ser felices con esos precios tan bajos, que dan ganas de llorar, pensando que lo que sabía de la vida era una mentira y que los ponis rosas existen.

Lo que se puede encontrar en estos países terrenales de una cuadra, en este caso el mágico tianguis de los jueves de la colonia donde crecí, abarca la venta de muchas cosas, van desde tejuino, verduras, lácteos, tostadas recién hechas, jericayas, discos piratas (sí, esos de Joan Sebastian que toda ama de casa pone para hacer la limpieza) ropa interior, juguetes, posters (jonas brothers, naruto o según sea el caso), chucherias para adornar nuestro hermoso cabello, entre otras.

Así que podemos encontrar sugerencias de visitar el teatro degollado, la rotonda de los hombres ilustres, el hospicio cabañas y hasta el zoológico, pero yo recomiendo tambien estos centros de reunión en donde podemos ser felices un ratito y la gente local frecuenta. A fin de cuentas esto también forma parte de nuestra cultura.

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